mayo 11, 2009


¿Quién no tuvo una mañana nefasta alguna vez?. Personalmente, me llevo muy mal con las mañanas, siempre las cosas me salen peor de lo normal a esa hora.
Y hoy no fue la excepción. Tras no dormir absolutamente nada, completamente zombie, tuve que ir al centro de mi localidad a hacer unos trámites. Resulta, que el medico con el que tenia que hablar en el Hospital, se le habían cantado las bolas no ir, JUSTAMENTE hoy, que yo necesitaba hablar con él. OK, no desesperemos, mañana me dijeron que va a estar, no voy a empezar a acumular energías negativas. Entonces, con ese estúpido optimismo a cuestas, me dirigí a la oficina central de una línea de colectivos, para tramitar un pase. Y con sorpresa, recibo la explicación del sujeto a cargo, quien intenta hacerme comprender que los tramites de pase de colectivo de su línea, se hacen desde el 1ero, hasta el 10mo día de cada mes, o sea, que llegué tarde por un día (hoy es 11). Así que con la idea de haber ido hasta el centro completamente al pedo, de haber recibido tantas malas noticias, luego de cruzarme a dos personas que no quería cruzarme, me dirijo al colectivo (de la misma línea donde tuve que averiguar el pase) y subí.
A los tres minutos aproximadamente, noto que el respectivo chofer del colectivo tenía el semblante que brillaba de un mal humor, quizás peor que el mío.
Entonces me dije, “Carla, no sos la única que tiene días malos, ni mucho menos quien recibe malas noticias todos los días, así que ponete en el lugar de los demás, por lo menos una vez, e intentá tratar bien a la gente. Este sujeto no habrá dormido nada, esta obligado a trabajar en algo que quizás no le guste para nada, completamente atado a una empresa que la verdad, deja mucho que desear, y quizás la mujer lo hizo cornudo, vamos a ser amables con él.” (Si, mi conciencia habla en plural)
Entonces subo los respectivos escalones que me elevan hasta la máquina expendedora de boletos, y me dirijo hacia él “Buen día, ¿qué tal?, boleto de $1,10, por favor” (fuera de joda, lo dije textual.). Cuando éste marca el referente importe en la máquina, comienzo a deslizar la primera moneda, de diez centavos, con una sonrisa en la cara, obviamente, porque de vez en cuando me sale esa buena onda inusitadamente. Pero al intentar deslizar la moneda de un peso, se me resbala y se introduce entre el metal cobertor de la máquina, y la máquina misma. Mi semblante no flaqueó, le dije educadamente al señor lo que había pasado, con la intención que encuentre una solución, pero en vez de eso, me encontré de frente con un hombre encolerizado, (sin saber porqué) quien me dirigió una de esas miradas capaces de matar y se limito a susurrar “bajate nena, a mi no me chamuyás”, intenté explicarme desesperadamente que no mentía, que la moneda había quedado atrapada, pero todas explicaciones fueron obsoletas. Con un ademán de su brazo, señala la puerta, la cual abre con un botón, y con la peor cara de orto, me invita a bajarme.
¿Conclusión?, HAY QUE TRATAR MAL A TODO EL MUNDO.

Amén.

2 comentarios:

Maga dijo...

A ese tipo de gente me gustaría reventarle la cabeza contra el volante, a ver si con el sacudón se le activan las neuronas. ¡Qué enfermo! Yo por eso trato de ser amable, sonreír. Pero si, a pesar de mis intentós, me irritás, salto a la yugular y te desgarro la garganta con los dientes.
Jajajaja, me moriiii con lo de los refranes. Por favor, los DETESTO! Algunos ok, podría decirse que tienen onda. Pero otros son metáforas rebuscadas e inentendibles. Yo los invento, total, parecen verdaderos.


- Perro que le ladra a un farol, bueyes que no saben tirar la carreta

- Besa a un sapo, y te morderá los dedos

- El que cuenta baldosas, jamás patina

- Si sales a bailar, la pastafrola es un arte



Y muchas más.

oso dijo...

mameee besos



osen